Nacida en la Provenza francesa y establecida en Londres, Camille Walala reparte energía y vitalidad allí por donde pasa. Casi literalmente, esta artista convierte todo lo que toca en diversión. Así como un dibujo puede ser un poema visual, las piezas de Camille son verdaderos festivales para la vista.

Intrigada por las alegres y brillantes decoraciones que su madre tenía en casa cuando ella era niña, Camille comenzó desde pequeña a nutrir un amor por los colores, los patrones, los textiles y la ilustración. Graduada en diseño textil por la Universidad de Birghton, lo que llevó a Walala a crear su propio universo fueron dos casualidades convertidas en oportunidades inesperadas.

La primera vino en forma de un homenaje que una viuda quiso hacer para su marido en la fachada de su casa. Inicialmente, la propuesta fue para el aclamado artista urbano y entonces novio de Camille, Jumboist, a quien le pidieron un retrato del hombre para conmemorarle en su hogar. Al no estar disponible, Camille no sólo se ofreció a hacerlo, sino que se tomó más que en serio la libertad creativa que su mecenas le dio.

A partir de ese primer muro, el sello de Walala quedó más que evidente y su carrera como artista multidisciplinar comenzó a despegar, hasta tal punto que, en una ocasión, el dueño de un club londinense le dio carta blanca y 20,000£ para diseñar el interior del local, algo en lo que Camille no tenía ninguna experiencia. Y es que ya entonces la gente confiaba en su estilo todavía en desarrollo. De ahí que se motivará a ir más lejos y seguir experimentando.

Este estilo, definido como Pop Tribal, es el resultado de tres principales influencias en el imaginario de Camille. La primera y más obvia, el colectivo de diseñadores postmodernistas de la Italia de los ’80 Grupo Memphis, a quienes se vio expuesta durante su adolescencia y de quienes tomó la geometría más pulcra, colorida y juguetona.

Segundo, el matiz más tribal proveniente de la tribu africana Ndebele, oriunda de Sudáfrica y Zimbabue, de quienes adquirió el patronaje y los ritmos de repetición geométrica. Si finalmente a esto le añadimos las ilusiones ópticas del pintor húngaro Victor Vasarely, obtenemos a Walala. Si bien el Pop Tribal de Camille es instantáneamente reconocible, la artista está actualmente explorando una nueva dirección, encaminada por el cubismo abstracto del francés Auguste Herbin, hacia una ruta más simplista.

El propósito de su trabajo no es más que llenar el mundo de color, energía y alegría, convirtiendo las ciudades en lugares menos grises y más vitales. De hecho, creó un paso de cebra tremendamente vanguardista en Londres en colaboración con la TATE Gallery, sumando este trozo de asfalto a su creciente colección de fachadas capitalinas transformadas por su arcoiris.

Algunas de estas paredes incluso parecen albergar un mensaje secreto encriptado en un código geométrico que simplemente comunica optimismo sin límites en oposición al gris de los cielos británicos. El éxito emocional sobre sus habitantes es tal, que sus brochas ya han pasado por las paredes de Nueva York, París, Barcelona y Berlín, por ejemplo.