La artista visual y diseñadora de espacios sueca Anny Wang es la prueba de cómo la curiosidad y la creatividad superan a la formación. Recién graduada de la Escuela de Diseño y Artesanía HDK de Gotemburgo, Wang acumula un portfolio digno de un profesional senior con años en el sector, cuando en realidad, sus 23 años apenas han pisado el universo adulto. Sin embargo, tal pulcritud, proactividad y proposición de ideas son el fruto de la experimentación a la que la han llevado su inquietud e impaciencia.

Ilimitada en formatos, ella misma se define como diseñadora de espacios y mobiliario además de artista visual, huyendo de la más vernacular denominación diseñadora de interiores. Y es que su desarrollo en estas disciplinas llegó a su vida de una manera más que rebelde. Original de un pequeño pueblo sueco, Wang raramente recibía algún tipo de influencia artística, ni siquiera el arte era un tema de conversación en su entorno. De hecho, sus padres esperaban que se dedicara a un oficio clásico y que fuera doctora. Así que, por pura rebelión adolescente, Wang decidió perseguir las formas y los colores y dedicarse al arte.

Entre muchas de sus formas de expresión, cabe destacar que la artista ha diseñado muebles, estampados y ropa, aunque su placer más grande es la experimentación con los espacios digitales tridimensionales. Sus ilustraciones 3D frecuentemente retan las leyes de la física, como es el caso de su proyecto Physlab, en colaboración con el músico y arquitecto Tim Söderström, donde lo predecible no es lo que ocurre, simplemente por el placer de huir del entumecimiento que nos invade cuando sabemos qué va a pasar y así provocar una reacción.

Iridiscencia, colores pasteles, texturas, geometría y, sobre todo, cosas brillantes, son los elementos más hipnóticos a los que Wang recurre sobre la marcha para elaborar estas animaciones e ilustraciones a las que no dedica demasiado pensamiento, sino que simplemente deja fluir de su mente a su mano en pro de la experimentación visual. Mediante la convivencia de todos estos elementos -con superposiciones, angulaciones, reflejos, sombras y demás-, Wang crea espacios tan soñadores como realistas que provocan ganas de habitarlos en un mundo digital.

Sin duda, su enfoque sin fronteras hacia la expresión visual es el mejor sedimento que podía haber creado para sí misma de cara a una carrera muy prometedora. Por ahora, la ha llevado a ingresar como aprendiz y becaria en el estudio de arquitectura y diseño de David Thulstrup para afilar sus capacidades en el diseño industrial, espacial y gráfico, aunque de cara al futuro Wang mantiene el espectro profesional amplio y abierto.