Fotografiar en el desierto

Consejos y trucos para fotografiar en el desierto

Lo que más abunda en el desierto es luz e inmensidad, aspectos que resultan quizás obvios pero que es menester considerar, pues conllevan otra forma de ver a la comúnmente practicada en nuestro medio habitual.

Además de esta consideración, fotografiar el desierto conlleva ciertas claves que son convenientes asumir: primero, que se obtendrán mejores resultados si nos damos el trabajo de conocerlo paso a paso, caminarlo y rastrearlo en busca de esa nueva mirada y, segundo, que es deseable pernoctar en él para escucharlo ...y capturar las primeras y últimas luces del sol que son, en mi opinión, las más interesantes.

El desconcierto producido nada más llegar a él puede tener el síndrome del viaje injustificado, del desconsuelo ante la carencia de vida (término más que relativo, porque el desierto tiene la suya propia). Pero si se vence esta primera instancia es probable que queramos volver en muchas oportunidades y, por ello, quizás es interesante experimentar qué cambios pueden producirse: en el fotógrafo y en el escenario.

Por ello, es importante saber que durante las estaciones de primavera y verano -tal como ocurre en otras latitudes- las horas de luz solar en el desierto son considerablemente extensas y tienen una temperatura de color relativamente estable. En estas condiciones las tomas al amanecer, por ejemplo, no presentan tonalidades exageradas como para requerir filtrado de película equilibrada a 5.500º K.

Por otro lado, desde la salida del sol hasta dos horas antes del mediodía, aproximadamente, es cuando se capturan los mejores contrastes y volúmenes del desierto. Las tomas a ras de suelo nos ayudarán y en cuanto a la medición correcta de luz, para realizar buenas exposiciones, será recomendable sobreexponer las tomas (de ½ a 1 punto). Esto, debido a que las características lumínicas-ambientales tienden a subexponer la lectura de los fotómetros, por lo que es recomendable tener siempre en consideración este aspecto.

En tales condiciones, no es de extrañar que pasado el mediodía esta situación se vuelve aún más extrema, ya que se dan casos de subexposiciones de 11/2 a 2 puntos, o más. En estas circunstancias y hasta el atardecer la perpendicularidad y dureza del sol dan tomas que achatan el paisaje y resultan faltas de detalle. Quizás por ello, entonces, a estas horas sea preferible un descanso, hidratarse y dormir una buena siesta –a la sombra- que nos reponga del madrugón.

Aún así, si se desea aminorar relativamente esta circunstancia hay ocasiones en que nos ayudarán los filtros degradados o de colores, en concreto aquellos que "calientan" la imagen (por ej. el KG12 de B+W o su equivalente), utilizados para filtrar película de luz de tungsteno expuesta con luz día. El resultado obtenido quizás es mejor que sin ellos y, por supuesto, es un tema abierto a la investigación y creatividad de cada cual.

Al cerrar el día y comenzar el atardecer con sus instantes de tonalidades claves la luz del desierto es esquiva, en el sentido de la rapidez con que se desarrolla la puesta de sol y lo escasa que resulta la luz para imprimir la película, aún cuando a simple vista podemos observar con nitidez y claridad cuerpos, objetos o paisajes iluminados maravillosamente por "largo" tiempo.

En estas condiciones el trípode y cable disparador son imprescindibles ya que es necesario aplicar largas velocidades de obturación: con f.8, velocidades de 15, 30 o más una vez puesto el sol. También es la hora –que, dicho sea de paso, no alcanzan a ser 60 minutos- de las fotografías resultonas, por lo que casi cualquier disparo nos será compensado posteriormente cuando tengamos en nuestras manos la foto realizada.

El resto consistirá en dejarse envolver por el silencio y la nada, sentir la pequeñez del ser humano, de tal modo que el día siguiente, de amanecida, nos sorprenda con un sueño de leve llovizna que nos haga pensar en el florecimiento del desierto.


Posté par mertxe à 12:10, Septiembre 28 2005