Sebastião Salgado

Sebastião Salgado cambió su carrera de economista por la de fotógrafo en 1973. Tras pocos años de cubrir sucesos, comenzó a trabajar en el primero de los principales proyectos fotográficos que empezarían a definir su visión del mundo mayoritario. En "Otras Américas" se describía a los latinoamericanos que se aferran a sus tradiciones rurales, "Sahel: el fin del camino" documentaba la vida de un pueblo que intenta sobrevivir en las peores circunstancias, y "Trabajadores" exploraba la desprestigiada condición social del trabajador manual en la era de las computadoras y la tecnología avanzada.

Su condición de fotógrafo ha permitido a Sebastião Salgado estrechar el contacto con gente de todo el mundo, y él cree que su trabajo gira entorno a dicho contacto personal. «El fotógrafo no es quien hace la fotografía», comentaba en una extraña explicación pública de su forma de trabajar, «la imagen es mejor o peor en función de la relación que uno tenga con las personas a las que retrata».
En el Sahel, por ejemplo, Salgado prefería tomar un autobús en lugar de alquilar un automóvil porque cuando uno llega en coche «es un desastre: eres un tipo que tiene automóvil», un ricachón y no «uno del pueblo». O, cómo suele decir él en un sentido más amplio: «necesitas ser aceptado por la realidad». Su filosofía también coincide con su particular visión de la economía personal: viajando en tercera clase, enrollando sus propias películas, trabajando dieciséis horas diarias, haciendo miles de pequeñas impresiones de prueba ha sido capaz de concluir sus amplios reportajes en el Sahel, así como en el Chad, Etiopía (incluida la disputa de la provincia de Tigre), Malí y el Sudán, con una nimio presupuesto de 20.000 dólares, entre los cuales, la impresión fue el mayor de los gastos.

Prefiere su estilo al de otros colegas de los medios de comunicación con mayor apoyo financiero. Recuerda repetidamente, por ejemplo, cómo durante las tres o cuatro semanas que pasó en un campo de refugiados de Etiopía vio cómo llegaban más de cuarenta equipos de televisión para grabar imágenes de las multitudes de hambrientos y enfermos, y luego se iban. Un equipo llegó de los Estados Unidos, alquiló un autobús gubernamental, pasó dos horas en el campo y se marchó.. Como contraste, en otros países simbólicamente menos importantes como los del Sahel, sólo pudo ver a otro periodista. En estos casos, dice se produce una suerte de reportajes sesgados que no dejan «tiempo para percatarse de la realidad que uno está fotografiando». En su lugar, uno se las apaña para «traer de vuelta lo que consiguió en aquel lugar».
Compara su propia estrategia fotográfica con la que quizá sea la concepción personal de la fotografía de 35 mm más conocida y mejor expuesta hasta el momento, la del «momento decisivo» de Henri Cartier-Bresson. En 1925, Cartier-Bresson, cofundador de la ex agencia de Salgado, Magnun Photos, expresaba su creencia, tan citada posteriormente, en la recopilación clásica de sus fotografías, The decisive moment (El momento decisivo): «Para mí, la fotografía es la percepción simultánea, en una fracción de segundo, de la significancia de un hecho y de la precisa organización de las formas que confieren a ese hecho su propia expresión».

Tal concepción, según Salgado, da como resultado una relación entre el fotógrafo y el sujeto que es comparable a una línea tangente perfectamente equilibrada sobre un círculo. Es elegante, dramática, eficaz, pero él siente que debe penetrar el círculo casi para convertirse en uno de los fotografiados, o al menos esforzarse por comprender la existencia de aquellos que retrata.

A pesar de la metáfora geométrica, la visión de Salgado es intuitiva y muy emocional. Aunque habla cuatro idiomas (portugués, español, francés y, ahora, inglés) y aprovecha para discutir extensamente con la gente que conoce, no parte de un análisis intelectual de las personas. Su aproximación comienza con una empatía respetuosa que se aproxima al sentido de relación entre «tú» y «yo» expresado por Martin Buber, en el que el otro se convierte momentáneamente en un mundo completo per se.. Su punto de vista también se ve influenciado por la convicción populista y sentimental de un economista de influencia marxista. «Uno fotografía con toda su ideología», así lo ve Salgado.

Su empatía bien documentada y la belleza desmesurada de muchas de sus imágenes sirve para trascender el taquigráfico periodismo al uso que ilustra a las personas de una manera mermada, según el grado de reciente victimización. Este estilo taquigráfico también acostumbra a presentar sujetos anónimos, especialmente en el Tercer Mundo, donde es necesario contar con masas de víctimas, intercambiables en última instancia, para poder llamar la atención de la prensa occidental. En el proceso, se tiende a desnudar a esa gente de su humanidad, mayor y más compleja, e incluso de su cultura y de los recursos internos que permiten la autodeterminación. Esta estratagema sirve para llamar momentáneamente la atención de los que vivimos en el opulento Norte, pero sólo hasta que sucumbimos a la «fatiga compasiva» y pasamos al siguiente grupo de figuras bidimensionales que nos presentarán a continuación.

Al pasar más tiempo con la gente, Salgado se siente capaz de ver su sufrimiento y su fortaleza, que se asemeja, a veces, a un ascendiente espiritual. Y la grandiosidad meridiana de las imágenes, su reconocimiento de la inmensidad de la naturaleza —con un claroscuro y unos tonos que a veces parecen dar forma a una profunda oscuridad, haciendo palpable la piel como grabada de los retratados— ayuda también a aquellos que son fotografiados a formar parte de nuestra historia colectiva de un modo más resonante, duradero y diferenciado. En parte, la ambición documental del fotógrafo puede haberse originado a partir de una nostalgia inicial, pero las mismas imágenes mantienen una presencia vívida.

Aun así, los fotógrafos se ven enfrentan a una paradójica disyuntiva. Cartier-Bresson, que en varias ocasiones se burló del fundamento documental en favor del drama visual —de la consecución de una coreografía elaborada— era muy consciente de la realidad e irrealidad a la que uno está constantemente expuesto, de esa inevitable mixtura de ficción y no ficción. Al comienzo del libro The world of Henri Cartier-Bresson (1968) empieza diciendo con ironía que «las imágenes que se muestran a continuación no pretenden dar una idea general de ningún país, pero me es bastante difícil afirmar que los sujetos retratados sean imaginarios y que cualquier parecido con otra persona sea mera coincidencia». El método mucho más documental de Salgado también ofrece unos aspectos muy imaginarios y susceptibles de interpretación, algo que confiere a las imágenes gran parte de su profundidad. Podría decirse que, sin dejar de respetar los hechos presentes en cada situación, Salgado intenta recrear, mediante una metáfora visual, lo que ve como drama humano esencial; en otras palabras: hacer visible lo invisible.

La obra de Salgado, aunque confinada al momento por los mecanismos de la cámara, fue creada no tanto para conmemorar y domesticar la arbitrariedad de un instante y sus manifestaciones materiales, como para ordenar su eternidad, su evanescente profundidad y para ubicar una presencia mítica y entreverada. Este aspecto de su planteamiento es algo que comparte con otros latinoamericanos movidos por el llamado «realismo mágico». Del mismo modo, aunque reconoce la importancia singular del individuo en sus imágenes, también esboza con rapidez su relación con lo universal. «Todos somos el mismo pueblo... todos somos el mismo hombre, probablemente», afirmaba. Y ahí encontramos, atrapada en su representación del momento —ya sean campesinos latinoamericanos, la hambruna en áfrica o su proyecto sobre obreros de todo el mundo— una lírica resonante, un cierto sentido épico, un paisaje que es un símbolo en sí mismo. Este ex economista apela a un sentido poético de las luchas tan profundo que, en sus grandes fotografías melancólicas, las fuerzas de la luz y la oscuridad, de la vida y la muerte, se dan cita en escenas que recuerdan los tiempos del simbolismo judeocristiniano más dramático.

BIOGRAFÍA

Nació en 1944 en Aimores (Minas Gerais, Brasil). Hijo de un ganadero, es el sexto de ocho hermanos y único varón de su familia. Sebastião Ribeiro Salgado estudió Ciencias Económicas en Brasil (1964–1967) y obtuvo la licenciatura en 1968 por la Universidad de São Paulo y la Vanderbilt University (EE. UU.). En 1971 concluyó su doctorado en Economía por la Universidad de París y trabajó como economista para la Organización Internacional del Café hasta 1973.

Tras pedirle prestada la cámara fotográfica a su esposa Lelia en un viaje a áfrica (1973), decidió pasarse a la fotografía y empezó a colaborar con la agencia fotográfica Sygma (1974–75) y luego con Gamma (1975–1979). Posteriormente, fue elegido como miembro de la cooperativa internacional Magnum Photos, y estuvo en dicha asociación desde 1979 hasta 1994. Desde su domicilio en París viajó para cubrir noticias como las guerras de Angola y del Sáhara Español, la toma de rehenes israelíes en Entebbe, el intento de asesinato del presidente estadounidense Ronald Reagan, y también empezó a trabajar en proyectos documentales más profundos y personales.

Durante siete años (1977–1984) vagó por Latinoamérica, su región de origen, caminando hasta remotos pueblos de montaña con la intención de conseguir imágenes para su libro y exposición Other Americas (1986,Otras Américas), una exploración contemplativa de las sociedades campensinas y de la resistencia cultural de los amerindios y sus descendientes en México y en el Brasil. A mediados de los ochenta, colaboró durante quince meses con la ONG francesa Médicos sin Fronteras en la región africana del Sahel, afectada por una gran sequía, y creó Sahel: L'homme en dÉtresse (1986, Sahel: el fin del camino), un documento sobre la dignidad y resistencia del pueblo sometido al mayor sufrimiento. Desde 1986 hasta 1992 se centró en Workers (1993, Trabajadores), un documental fotografiado en 26 países sobre el final de la mano de obra masiva. Después de Terra: Struggle of the landless (1997, Terra: la lucha de los sin tierra), un documental sobre los que luchan por reclamanar su tierra en Brasil, su país natal, publicó Migrations (Migraciones) y Children (Niños) en el 2000, sobre las duras condiciones de vida de los desplazados, refugiados y emigrantes de 41 países.

Sebastião Salgado es un fotógrafo de renombre internacional que forma parte de la corriente de «fotografía comprometida». Instituciones de todo el mundo le han concedido los principales premios fotográficos y reconocimientos por sus logros. En 1994 fundó su propia agencia de prensa, Amazonas Images, que lo representa a él y a su trabajo. Vive en París con su esposa y colaboradora Lelia Wanick Salgado, quien diseñó la mayoría de sus libros. Tienen dos hijos.

Web de Sebastião Salgado

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Enviado por mertxe a 20:42, Septiembre 27 2005

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Comentarios

fotografo exitoso q a pesar de reconocer el mundo en el que vivimos es capaz de ver y hacer ver al espectador una forma distinta y enalteciendo y ejemplificando a sus retretados

Enviado por ivan felipe a 23:43, Mayo 14 2007

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