Henri Cartier-Bresson: El Instante Eterno
El Centro Cultural Borges convirtió su sala principal en un santuario de la fotografía. Los adoradores del gran maestro Henri Cartier-Bresson, fallecido el año pasado en Francia, a los 96 años de edad, tuvieron la oportunidad de congregarse allí para rendirle el merecido culto.Habia comenzado a fotografiar a los 23 años.
Varias generaciones de fotógrafos aprendimos contemplando sus imágenes esparcidas en revistas y libros. Por eso hoy al enfrentarnos con sus originales no se puede evitar el magnetismo y conmoción que provocan las "grandes obras de arte".
Quizás el hecho de que su primera pasión fue el dibujo haya contribuido a que en sus fotografías exista una tensión entre éstas y la pintura. "Una foto se ve en su totalidad, de una sola vez, como un cuadro" dijo Cartier-Bresson refiriéndose a su magistral capacidad de componer, de organizar la imagen hasta alcanzar el óptimo equilibrio expresivo.
Muchas, por no decir la mayoría de sus imágenes aparecen como verdaderas escenografías, como la síntesis genial de una historia. Como si ese pedazo de realidad estuviera previamente detenido y luego representado, y compensar de este modo la imposibilidad de aferrar a la verdadera realidad hecha de instantes irrefrenables. Las imágenes fotográficas están desprovistas de movimiento, no inscriben secuencias de tiempo, apenas son una prueba estática de ambos. ¿Cuántas veces hay que pasar, o estar en el lugar como una estatua invisible para pescar esas instantáneas increibles?. El mismo Cartier-Bresson se encarga de dar la respuesta: "La composición debe ser una de nuestras preocupaciones constantes, pero en el momento de fotografiar no puede ser sino intuitiva, porque ahí estamos frente a instantes fugitivos, y las relaciones cambian constantemente".
Y así lo demuestran las propias imágenes. Hay en algunas de ellas indicios, "errores", deslices que testimonian a favor de la espontaneidad del instante fotografiado y la imposibilidad de resolver la composición como si se tratara de un teorema. En "Las provisiones el domingo a la mañana" aparece el pie cortado, por el borde inferior de la foto, del niño que lleva en sus manos las botellas de vino, plasmado sobre un horizonte oblicuo. En la mágnifica foto "Funerales de un actor en Kabuki", donde la realidad se vuelve arte, cinco rostros doloridos de mujeres flotan en círculo sobre un fondo negro que parece traspasar los bordes de la foto. Sin embargo semejante perfección de encuadre y composición aparece "mancillada" por una mancha blanca rectangular, quizás el cinto de una de las mujeres, casi rozando al margen de la foto. Nada le habría costado a Bresson sacarla en el momento de copiar la imagen . Pero se mantuvo fiel a su estilo, el de utilizar el negativo entero, intacto, fruto de ese puro reflejo compositivo. "Se compone casi al mismo tiempo que se aprieta el disparador"..
Hay dos palabras que se mencionan invarialbemente para referirse a la obra de Cartier-Bresson: momento decisivo., con las que se trata de resumir la característica pricipal de su obra.. Sin embargo, ese momento decisivo no ocurre en el caso de Bresson, de una manera fortuita, aleatoria. Por el contrario, hay todo un ejercicio, una trayectoria por parte del fotógrafo, de establecer determinadas relaciones, a través de la cámara, de forma y fondo, de dar relieve a uno u otro sujeto, o de extraer la mayor intensidad a una escena.. "La fotografía es para mí el reconocimiento en la realidad de un ritmo de superficies, de líneas y de valores; el ojo recorta el sujeto y la cámara no tiene otra cosa que hacer que su trabajo, es decir, imprimir en la película la decisión del ojo" Las palabras de Bresson sobre su trabajo parecen calcadas de sus propias fotografías.
La cámara de Bresson, la fiel Leica, sobrevoló como un pájaro esa realidad hecha de espacios, tiempos, objetos y personas tan fugaces como caóticos, para detenerlos en imágenes que nos hacen creer, aunque sepamos una vez más que se trata de una ilusión, que hay instantes que parecen eternos.