Una sonrisa al fotógrafo del parque

Todos los días, a las ocho de la mañana, abre sus puertas la plaza del Centenario. Las bancas están a la sombra de los almendros. En ellas descansan y conversan hombres y mujeres; propios y extraños; niños, jóvenes, adultos y jubilados.

En el centro, la Columna de los Próceres y la Libertad hacia lo más alto. Por los alrededores de la puerta de Vélez y Seis de Marzo el vuelo de las palomas le da más vida al sector. También los músicos populares que pulsan sus guitarras y ensayan canciones, siempre prestos a ser contratados para amenizar fiestas familiares.

Bajo una antigua y hermosa farola se ubica uno de los ocho fotógrafos del parque. La tradicional cámara de cajón está sobre el trípode con su fuelle y la manga de tela para que el fotógrafo maniobre en ese mínimo cuarto oscuro.

“Sonría para la foto”, pide Juan Delgado Medina (Bahía de Caráquez, 1944), el muchacho pela los dientes y ensaya una sonrisa. ¿Cuántas personas habrán eternizado sus rostros ante los fotógrafos de este parque?, me pregunto observando el muestrario de imágenes pegadas a la superficie de madera de la cámara.

Juan Delgado fue vendedor ambulante de libros de Derecho hasta el día que se encontró con su amigo Rubén Darío Vásconez Zambrano. Este le enseñó a iluminar –colorear fotos en blanco y negro– y a manejar las cámaras.

Aunque trabaja en el parque hace unos 30 años, el más antiguo de los fotógrafos es su amigo Vásconez Zambrano, quien está gravemente enfermo. En sus comienzos solo se tomaban gráficas en blanco y negro con la cámara de cajón y trípode, luego se utilizó la de 35 milímetros para fotos a color, y últimamente la instantánea polaroid.



Posté par mertxe à 08:52, Noviembre 5 2005